La politización de la salud: el papel de la pandemia en las elecciones de Estados Unidos

Estados Unidos pasó los 9 millones de casos confirmados de COVID-19, liderando la lista mundial. Además, es el país con más número de fallecidos durante la pandemia, superando las 230 mil muertes, principalmente en estados como Nueva York, Texas y California, según cifras del Centro de recursos del Coronavirus de la Universidad Johns Hopkins.

Sin embargo, la pandemia ha traspasado el tema sanitario y también ha tomado relevancia en la política estadounidense, más a puertas de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, del próximo martes 3 de noviembre.

¿Qué rol tiene la pandemia de la COVID-19 en esta contienda electoral entre el actual presidente Donald Trump y el exvicepresidente Joe Biden? Esto dicen los especialistas.

En el último debate presidencial antes de las elecciones, la estrategia estadounidense frente a la pandemia de la COVID-19 fue uno de los ejes principales.

El presidente Trump no dudó en mencionar que el país del norte tendrá una vacuna contra el nuevo coronavirus “en cuestión de semanas”. Por su parte, el candidato demócrata Joe Biden dijo que Estados Unidos tendrá «un invierno oscuro» por la crisis sanitaria y que Trump «no tiene un plan claro».

Además, el exvicepresidente dijo que Trump “no asumió responsabilidad» por el impacto de la pandemia en Estados Unidos. «Cualquiera que sea responsable por tantas muertes no debería permanecer como presidente […] (Trump) dice que la gente está aprendiendo a vivir con esto, ¡increíble! Estamos muriendo con esto”, comentó.

Para el internacionalista Norberto Barreto, docente de Historia de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y columnista de RPP, la política del gobierno de Trump frente al coronavirus “ha sido una basada en la improvisación, irresponsabilidad, en la negación del conocimiento científico”.

“Una que ha promovido el uso del cloro y de otros productos, que no tienen lógica ni sentido común y que niega básicamente los parámetros establecidos por la Organización Mundial de la Salud. Básicamente la estrategia del gobierno de Trump y la preocupación desapareció hace tiempo. En el momento en que ellos se dieron cuenta o tuvieron el mal cálculo de pensar que las ciudades que más se perjudicaban eran las que estaban controlados por el partido demócrata, les pareció no era importante la pandemia”, comenta.

Además, Barreto agrega que, en su opinión, no hay una estrategia en el gobierno de Trump para enfrentar la crisis sanitaria.

“No hay una política en este momento, la pandemia no es su prioridad, lo que lo acompaña es la negación y en múltiples ocasiones, Trump lo ha comprobado en vivo. A pesar de la peligrosidad de la pandemia, Trump en múltiples ocasiones lo que ha hecho es minimizar, ningunear y plantear cómo llegó, lo que es totalmente falso”, afirma Barreto.

LA VACUNA COMO GRAN CARTA

A inicios de la pandemia, el presidente Trump estaba confiado en poder anunciar una vacuna antes de las elecciones de este 3 de noviembre, según comentaron los medios estadounidenses. Sin embargo, la historia es otra: los ensayos clínicos de todas las candidatas a vacuna (incluso las más desarrolladas) se encuentran aún en evaluación.

Barreto sostiene que el tema de la vacuna “es la gran varita mágica, la gran solución que la administración de Trump, plantea como su carta de triunfo: que aparezca una vacuna antes del día de las elecciones y él presentarse como el que consiguió la solución para la pandemia”.

“A eso se le suma que, en ese sentido, el gobierno no tiene ningún reparo en utilizar cualquier medio con tal de conseguir su fin. Han estado incluso presionando a grupos como el CDC y a las farmacéuticas para que esa vacuna se ponga a disposición o se haga pública antes de que salgan las pruebas necesarias”, sostiene.

Por su parte, el doctor Ernesto Gozzer, médico salubrista y profesor de la Facultad de Salud Pública de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, resalta que antes de la pandemia, en un informe que presentó, se concluía que ningún país estaba preparado frente a una potencial crisis sanitaria.

“En octubre del año pasado, justo dos meses antes de presentarse el primer caso de lo que ahora conocemos como COVID-19 fui invitado a presentar en Washington un informe en el que concluimos que ningún país del mundo estaba completamente preparado para enfrentar una pandemia. Sin embargo, en el ranking de seguridad sanitaria global que presentamos, Estados Unidos era el mejor preparado. En ese momento hicimos un llamado a todos los países para que evaluaran sus debilidades y planificaran la reducción de brechas que promueve la OMS, que por cierto el Perú colaboró desarrollar entre 2014.y 2016”, menciona.

Agrega además que la estrategia de Trump frente al nuevo coronavirus no se ha llevado de la mejor manera.

“El presidente de Estados Unidos, el país mejor preparado del mundo, empezó su gestión desactivando el Consejo de Seguridad Sanitaria estadounidense, encargado de monitorear y liderar la respuesta frente a una pandemia. También redujo el presupuesto de los Centros de Prevención y Control de Enfermedades (CDC) cuando el efecto desastroso en la falta de medidas era evidente en Estados Unidos”, explica.

EL JUEGO POLÍTICO

La pandemia de la COVID-19 ha sido politizada desde un principio. Así lo afirma Barreto, quien considera que “la estrategia del gobierno de Trump actualmente es hacer todo lo posible porque la pandemia no sea un tema de discusión en primera plana sobre todo porque le afecta políticamente”.

“Lo que vienen haciendo hace tiempo es lanzado cortinas de humo y tratando de manipular el discurso para que sean otros temas los que estén en primer plano y así poder esconder el enorme fracaso de su política, como el tema de las manifestaciones de los grupos defensores de los derechos de los ciudadanos negros y en contra de la violencia policial, la violencia que eso ha generado, enfatizando, exagerando la peligrosidad de grupos como Antifa, culpando a China de la crisis y sin capacidad de asumir la responsabilidad del costo”, menciona.

Gozzer explica que en el caso de la vacuna, se debe tener en cuenta que las diferentes fases demoran entre 5 y 10 años. Sin embargo, con la emergencia mundial, este plazo puede reducirse.

“La aprobación de emergencia que el presidente de Estados Unidos pretende realizar aparentemente con fines electorales y sin haber cumplido los estándares mínimos de la fase 3, en la que usualmente dura entre 1 y 3 años, puede poner en riesgo la salud de las personas vacunadas ya que no hay tiempo para identificar potenciales efectos adversos que podían producirse en algunos tipos de personas o un grupo de datos. Una aprobación apurada (de la vacuna contra la COVID-19) puede aumentar que los grupos antivacunas se opongan a esta y otras vacunas y también se debilitaría la confianza en los ensayos clínicos y se desprestigiarían a la ciencia con daños terribles para Estados Unidos”, finaliza.

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