Eduardo Porter: El racismo es el veneno que impide la cohesión social en EE.UU.

Periodista económico del Times londinense y antes del New York Times, Eduardo Porter, opina en su nuevo libro que el racismo es el «veneno» que hace que «el contrato social esté maltrecho» en EE.UU. y se plantea si a futuro afroamericanos y latinos pueden llegar a crear una «coalición de color».

«El racismo ha obstaculizado la construcción de una sociedad abierta e incluyente. Hemos construido una sociedad que deja afuera a mucha gente», señala Porter en una entrevista con Efe pocos días antes de unas elecciones presidenciales cruciales.

A su juicio, «gane quien gane», sea Donald Trump o Joe Biden, va a seguir habiendo «mucho conflicto».

En El precio del racismo: hostilidad racial y la fractura del sueño americano (Vintage Español), Porter argumenta que la desigualdad en EE.UU. obedece a la incapacidad de los estadounidenses como sociedad para extender la solidaridad más allá de los límites de las diferencias raciales y étnicas.

«Asombra cómo se ha permitido que la pobreza desgarre de esa manera a la sociedad estadounidense. Las barreras de clase y, crucial, las de raza han impedido la construcción de una red de seguridad capaz de mitigar las disfunciones sociales», escribe Porter en un libro que en inglés se titula «American Poison» (Veneno americano).

¿Cuándo y cómo nos volvimos indiferentes ante las carencias de nuestros conciudadanos? Es una de las preguntas que se hace en el libro este periodista nacido en Arizona y criado en México.

UN ESTADO MOLDEADO POR EL RACISMO

Porter se centra en la construcción del Estado moderno en EE.UU., que, según dice en la entrevista, «antes de la Gran Depresión y el New Deal (Nuevo Pacto) era muy pequeño, tenía muy poca capacidad».

Franklyn D. Roosevelt lo fortaleció en 1922 como «un instrumento para salir de la crisis y proteger a los ciudadanos vulnerables», pero «hasta la fecha» está «totalmente limitado» para cumplir su propósito debido a las «fronteras raciales».

El periodista considera que la narrativa del «melting pot», el crisol donde gente de muy diversos orígenes se mezcla en EE.UU., «en cierta manera siempre ha sido una mentira».

Es una idea distanciada de la «realidad de un país dividido» principalmente por motivos raciales y particularmente por la hostilidad entre blancos y afroamericanos, aunque hay otras.

De hecho, Porter cree que «los oprimidos también pueden ser racistas» y que la idea de «la unidad de los oprimidos para oponerse al opresor» forma parte de la «mitología de izquierdas».

No se llevan tan bien entre sí cuando tienen que competir por recursos escasos que provienen de políticas públicas que no atienden a todos por igual y, como ejemplo, menciona el «recelo» entre afroamericanos y latinos.

«Los latinos presentan resultados que son un poco mejor que los suyos. Esa es una de las razones de que la comunidad afroamericana desconfíe de ellos», dice.

Pero en Estados Unidos «de aquí a 25 años vamos a ver que más de la mitad de la población será de minorías» y eso va a afectar a la política, dice Porter, quien cree que una «coalición de color» podría ayudar a cambiar las cosas, aunque por ahora no ve condiciones para que sea factible.

Quizás, la división vaya a ser «blancos contra no blancos o negros contra no negros», señala para indicar que los latinos pudieran acabar identificándose con los blancos.

MÁS VIEJO QUE LAS COLINAS

Porter precisa que el racismo no es exclusivamente estadounidense, es «más viejo que las colinas» y está en todas partes, pero, como escribió en un reciente artículo, aquí tiene «capacidad para moldear instituciones y determinar comportamientos».

«En Estados Unidos el racismo define y limita dónde puedes vivir o ir a la escuela, cómo te relacionas con las autoridades y qué acceso tienes a los beneficios de la ciudadanía».

Porter cree que si Europa logró construir el Estado del bienestar es porque cuando lo hizo la población del Viejo Continente era «esencialmente blanca y cristiana».

«Era un sueco grande, rubio y de ojos azules aportando para ayudar a otro sueco grande, rubio y de ojos azules», dice Porter, quien cree que en la Europa multirracial de ahora sería más difícil.

El también autor de El precio de todas las cosas ve un cierto paralelismo entre la situación actual y la de 1968 cuando los votantes se unieron para darle la victoria por un escaso margen al republicano Richard Nixon y frenar a George Wallace, candidato de un partido independiente, con una propuesta «increíblemente racista».

Ahora los que se miden en las urnas son el presidente republicano Donald Trump y el demócrata Joe Biden y si gana este último «puede hacer mucho por la gente de color».

Pero además -agrega- deberá atender a los Estados Unidos rurales donde está la base de Trump, con una población mayoritariamente blanca, envejecida y que se siente víctima de procesos globalizadores. «Es una América que se ha quedado atrás», dice.

La esperanza para Porter radica en la posibilidad de que, conforme la nación se vuelva cada vez más diversa, sea más fácil llegar a un nuevo entendimiento de la identidad racial y a una sociedad más solidaria.

No es tan optimista respecto al efecto que pueden tener las protestas que estallaron este año a raíz de las muertes de afroamericanos a manos de la policía, aunque sean un avance.

«Hay una atención mucho mayor y lo interesante es que hay personas blancas que comparten la sensación de agravio por estas políticas de exclusión, pero pierdo el optimismo cuando analizo si eso puede conducir a un cambio en las políticas públicas», dice.

A su juicio, los estadounidenses blancos llevan años ignorando el racismo e incluso hay quienes piensan que es algo superado. 

(EFE)